Luisana Lopilato y Lucía Puenzo presentan una película basada en la leyenda de Pepita La Pistolera, mostrando el proceso de transformación y los desafíos de retratar a una figura polémica de la historia argentina
La apuesta de Luisana Lopilato por encarnar a Pepita La Pistolera no solo marca un giro radical en su carrera, sino que también desafía los límites de lo que el cine argentino se atreve a contar sobre sus figuras más incómodas. La actriz, ahora también productora, se sumergió en la piel de Margarita Di Tullio, una mujer que se ganó respeto en un entorno dominado por hombres y que sigue generando debate décadas después de su auge en Mar del Plata.
El origen del proyecto
La idea de llevar la historia de Pepita La Pistolera al cine surgió hace seis años, cuando Lopilato buscaba un proyecto que la sacara de su zona de confort. Tras superar obstáculos legales y logísticos, la actriz se asoció con la directora Lucía Puenzo, quien aceptó el reto de inmediato. Ambas coincidieron en que la película debía evitar el biopic tradicional y centrarse en el periodo más decisivo de la vida de Margarita Di Tullio, justo antes de que su mito explotara en los medios.
El guion, escrito junto a Andrés Gelós y Natacha Caravia, se enfoca en los meses previos al nacimiento del mito, en una Mar del Plata de finales de los años 80 marcada por la violencia, la corrupción y la falta de derechos para las trabajadoras sexuales. La producción eligió retratar solo nueve meses de la vida de Pepita, incluyendo un embarazo y el nacimiento de su hijo, en medio de un contexto policial oscuro y realista.
Transformación y desafíos en el rodaje
Lopilato dejó claro desde el inicio que estaba dispuesta a transformarse completamente para el papel, tanto física como emocionalmente. El proceso incluyó cambios en la voz, la corporalidad y la forma de moverse, además de un entrenamiento específico para manejar armas, aunque la película evita glorificar la violencia. La actriz reconoció que el miedo a no estar a la altura fue un motor clave durante la preparación, y que la dirección de Puenzo resultó fundamental para lograr una interpretación creíble y compleja.
El rodaje se realizó en Mar del Plata, con un reparto que integró tanto actores reconocidos como trabajadoras sexuales y actrices de la industria del cine para adultos, buscando autenticidad en cada escena. La producción también mantuvo contacto con familiares de Margarita Di Tullio, quienes aportaron relatos y matices sobre la verdadera personalidad de Pepita, lejos de los estereotipos mediáticos.
Una mirada sin juicios ni idealizaciones
La película evita deliberadamente la parte más mediática y sensacionalista de la historia de Pepita La Pistolera. En lugar de presentar una heroína o una villana, la narrativa se centra en mostrar a una mujer compleja, capaz de inspirar admiración y rechazo al mismo tiempo. El guion no busca romantizar ni condenar, sino acompañar a la protagonista en un periodo de transformación personal y social.
Lucía Puenzo explicó que la intención fue retratar el contexto de desprotección y violencia que vivían las mujeres en la Mar del Plata de los 80, y cómo Pepita logró organizarse y desafiar las reglas del juego. La película introduce elementos de ficción para construir una estructura dramática sólida, pero siempre anclada en hechos reales y en el testimonio de quienes conocieron a la verdadera Margarita Di Tullio.
Impacto y relevancia actual
El estreno de esta película llega en un momento en que las discusiones sobre derechos laborales, violencia de género y representación femenina siguen vigentes en América Latina. La historia de Pepita La Pistolera dialoga con el presente al mostrar cómo una mujer marginada pudo desafiar estructuras de poder y crear espacios de protección para otras mujeres, aunque sus métodos y decisiones sigan siendo motivo de controversia.
La producción no pretende ofrecer respuestas definitivas sobre la figura de Pepita, sino invitar a la audiencia a reflexionar sobre el contexto y las circunstancias que moldean a personajes tan contradictorios. El resultado es una obra que se aleja de los clichés y apuesta por la complejidad, dejando claro que el cine latinoamericano puede abordar historias incómodas sin caer en el maniqueísmo ni en la glorificación fácil.
En el cine y la televisión, la diferencia entre un biopic clásico y una ficción basada en hechos reales radica en el enfoque y la libertad creativa. Mientras el biopic suele seguir la vida completa de una persona, la ficción inspirada en hechos reales permite seleccionar periodos clave, modificar cronologías y construir personajes más allá de la simple recreación. Esto abre la puerta a relatos más complejos y a una representación menos rígida de figuras históricas, como ocurre en la película sobre Pepita La Pistolera.