La actividad sísmica de septiembre en Chiapas no dejó daños materiales significativos reportados hasta ahora. También mostró la realidad de una región donde los movimientos telúricos forman parte de la vida cotidiana. El Servicio Sismológico Nacional reportó varios temblores de magnitud moderada, con epicentros en tierra y mar y profundidades muy distintas.
Una serie de movimientos moderados
El sismo más fuerte de la serie descrita ocurrió el 18 de septiembre. Tuvo una magnitud de 4.5, se ubicó a 157 kilómetros al suroeste de Mapastepec y alcanzó una profundidad de 10.6 kilómetros, según el reporte sísmico de Ámbito.
El mayor movimiento de la serie descrita alcanzó magnitud 4.5 el 18 de septiembre, con epicentro a 157 kilómetros al suroeste de Mapastepec y una profundidad de 10.6 kilómetros.
La actividad comenzó con dos movimientos reportados el 16 de septiembre. El primero ocurrió a las 06:43 horas, tuvo magnitud 4.1 y su epicentro se ubicó a 118 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo. El segundo fue detectado a las 06:54. Tuvo magnitud 4.0 y ocurrió a 129 kilómetros de la misma localidad. Sus profundidades fueron de 10 y 3.7 kilómetros, respectivamente.
El 17 de septiembre se confirmaron al menos dos eventos destacados cerca de Ciudad Hidalgo. Uno tuvo magnitud 4.3 y ocurrió a las 01:43. El otro alcanzó magnitud 4.1 a las 07:43. Ambos se ubicaron al suroeste de la localidad.
Ese día también se reportó otro temblor a las 07:01. Tuvo magnitud 4.1, ocurrió a 127 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo y alcanzó una profundidad de 14.7 kilómetros. A las 18:22 horas se registró un sismo de magnitud 4.0 en Venustiano Carranza, con una profundidad de 219.4 kilómetros.
El 18 de septiembre se informó además de un movimiento de magnitud 4.1 cerca de Ciudad Hidalgo, a 8.1 kilómetros de profundidad. Otro temblor, de magnitud 3.9, ocurrió cerca de Mapastepec, a 14.2 kilómetros de profundidad.
El 19 de septiembre se registró un sismo de magnitud 4.2. Su epicentro se ubicó a 144 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo y tuvo una profundidad de 12 kilómetros.
La secuencia continuó el 20 de septiembre con un movimiento de magnitud 4.0. Se ubicó a 191 kilómetros al suroeste de Mapastepec y a 10 kilómetros de profundidad.
El 21 de septiembre se reportaron nuevos eventos. Uno alcanzó magnitud 4.6, ocurrió aproximadamente a 25 kilómetros al noroeste de Pijijiapan y tuvo una profundidad de 147.5 kilómetros. Otro registró magnitud 4.4 al suroeste de Ciudad Hidalgo.
El 22 de septiembre, el SSN informó de un movimiento de magnitud 4.0 a 70 kilómetros al sur de Ciudad Hidalgo, con una profundidad de 94.2 kilómetros.
La magnitud no es el único dato que determina cómo se percibe un sismo. La profundidad, la distancia al epicentro y las condiciones del suelo pueden modificar notablemente la experiencia de la población, por lo que cada reporte debe interpretarse de manera individual.
Las coordenadas de los eventos se ubicaron entre 13.76 y 16.16 grados de latitud y entre -92.1 y -93.776 de longitud. Los datos apuntan a una concentración en la zona costera de Chiapas y cerca del límite con Guatemala. La forma en que se percibe cada movimiento puede cambiar según la distancia y la profundidad.
Por qué tiembla en Chiapas
México se encuentra sobre cinco placas tectónicas: Norteamérica, Caribe, Cocos, Pacífico y Rivera. La placa de Cocos se hunde bajo la de Norteamérica. Ese proceso libera energía que puede manifestarse en forma de sismos.
Chiapas tiene una exposición elevada por su cercanía con el contacto entre las placas de Cocos y Caribe, además de la trinchera mesoamericana. En esa zona se registran decenas de movimientos diariamente. La mayoría tiene baja magnitud y no es perceptible para la población.
La profundidad también cambia la forma en que se siente un sismo. Un movimiento superficial puede percibirse de manera distinta a uno profundo, incluso cuando las magnitudes son parecidas. Por eso, la localización exacta, el tipo de suelo y la distancia al epicentro son necesarios para interpretar cada reporte. Una sucesión de sismos moderados no equivale a una predicción.
La prevención sigue siendo la única certeza
El SSN y especialistas internacionales han reiterado que no existe un método fiable para anticipar la fecha, el lugar exacto o la magnitud de un sismo. Los experimentos realizados hasta ahora no han producido resultados concluyentes.
La información preliminar también puede actualizarse. Por eso, el reporte inicial no debe confundirse con un diagnóstico definitivo de daños.
Las autoridades piden ignorar los rumores y acudir únicamente a organismos como el Centro Nacional de Prevención de Desastres y las unidades de Protección Civil locales y federales. La recomendación es preparar con anticipación una respuesta familiar y comunitaria, no esperar una señal de alarma científica.
Antes de un movimiento conviene definir un plan familiar, participar en simulacros e identificar zonas seguras en la casa, la escuela o el trabajo. También se recomienda revisar las instalaciones de gas y electricidad y tener lista una mochila de emergencia con artículos básicos.
Durante el sismo, la indicación central es agacharse, cubrirse y sujetarse de una superficie estable. Hay que alejarse de ventanas y objetos que puedan caer. En la calle se deben buscar espacios abiertos. Si se conduce, es preferible orillarse y detenerse en un sitio seguro.
Qué hacer después del temblor
Cuando termine el movimiento, se debe revisar la vivienda para detectar daños estructurales. Si es necesario, hay que evacuar por rutas señalizadas. No deben utilizarse los elevadores.
El teléfono debe usarse solo para emergencias. También hay que permanecer atento a posibles réplicas.
El gas y la electricidad deben cortarse únicamente si hacerlo resulta seguro. No se deben encender cerillos ni velas hasta descartar una fuga de gas. Son medidas sencillas, pero reducen riesgos concretos cuando una vivienda o un edificio pudo haber quedado afectado.
La historia sísmica del país explica por qué la prevención no puede depender de la magnitud de un temblor aislado. El terremoto del 19 de septiembre de 1985 tuvo una magnitud de 8.2 y epicentro en Guerrero, según el material de referencia.
El 19 de septiembre de 2017, un sismo de magnitud 7.1, con epicentro en los límites de Puebla y Morelos, provocó 369 muertes en el centro del país.
El movimiento más potente registrado en la historia de México ocurrió el 28 de marzo de 1787 en Oaxaca, con una magnitud estimada de 8.6. También generó un tsunami que penetró seis kilómetros tierra adentro.
Un estudio del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico realizado en 2009 advirtió que un terremoto de magnitud similar podría volver a ocurrir en la Brecha de Guerrero, donde se acumula energía.
La diferencia entre una alerta preventiva y una predicción es decisiva. La primera permite organizar una respuesta antes de una emergencia. La segunda exigiría saber con precisión cuándo y dónde ocurrirá el movimiento, algo que la ciencia no puede determinar de manera confiable.
En Chiapas, los sismos de septiembre no produjeron daños significativos reportados. Aun así, mantener planes claros y consultar al SSN y a Protección Civil sigue siendo necesario. Los datos no permiten anunciar un terremoto próximo, pero tampoco justifican bajar la guardia en una zona geológicamente activa.