La reacción más íntima a la película ocurrió lejos de la crítica. Después de verla en Cannes, la madre de Bruno Santamaría Razo abrazó a su hijo y lloró. Su respuesta resume el alcance de una cinta que nació de un recuerdo familiar y terminó hablando de una experiencia colectiva marcada por el VIH, la sexualidad y las miradas sociales de los años 90.
Una memoria familiar
La producción mexicana llegó al Festival de San Sebastián dentro de Horizontes Latinos, después de pasar por Cannes. Allí encontró emoción y aplausos. La película reconstruye la infancia de Santamaría Razo, cuando tenía 11 años, descubría su deseo y enfrentaba el diagnóstico de VIH que había recibido su padre. En la programación oficial del festival tuvo cuatro funciones los días 21, 22 y 24 de septiembre de 2026.
Seis meses en el edificio rosa con azul fue presentado en San Sebastián como una película terminada de 105 minutos, en español y con subtítulos en inglés; el 26 de septiembre también fue señalado como ganador del Premio Sebastiane Latino.
El director no llevó los hechos familiares a la pantalla como una copia literal. Partió de entrevistas con sus familiares. Después convirtió esos acontecimientos en una historia más amplia sobre la memoria emocional y las experiencias que una comunidad comparte.
Ese cambio también le permitió revisar un silencio personal. Santamaría Razo entendió por qué tardó tantos años en hablar con sus padres sobre su sexualidad. Dice que tenía claridad sobre ella desde la infancia, pero solo habló del tema cerca de los 30 años.
La historia está situada en Ciudad de México a comienzos de los años 90. Tres décadas después, Bruno regresa a esos recuerdos a través del cine; la producción reúne a México, Brasil y Dinamarca.
El dolor también celebra
Sofía Espinosa interpreta a la madre del cineasta. Trabajó durante años con el director antes del rodaje. Querían construir un personaje inspirado en una mujer real, pero sin convertirlo en una copia de su vida ni hacer del parentesco una instrucción para la actriz.
La película toma una decisión formal que marca su tono. Empieza con una fiesta y termina con otra. Entre las dos aparecen la separación, la tristeza y el impacto del VIH. La familia, aun así, conserva la capacidad de reunirse y celebrar cuando el dolor sigue presente.
Ahí se separa de una simple historia familiar nostálgica. La cinta no usa los años 90 como decoración. Ese es el momento en que un niño enfrenta el deseo, la enfermedad de su padre y el peso de las miradas ajenas. La alegría aparece como una forma de resistencia diaria dentro de ese recuerdo.
Del recuerdo al festival
En San Sebastián, Santamaría Razo habló sobre el origen de la película junto con Espinosa y el productor Carlos Quiñónez. El festival también publicó el bloque de video Kafea con…. En él participaron el director, guionista y productor, Espinosa y los productores Bruna Haddad y Quiñónez.
La ficha internacional identifica la película con el título en inglés Six Months in a Pink & Blue Building. También relaciona la historia con el reconocimiento temprano de la identidad queer del protagonista y con el diagnóstico de VIH/SIDA de su padre. La duración oficial es de 105 minutos. El dato confirma que la obra llegó al certamen como un largometraje terminado, no como un proyecto en proceso.
El paso por San Sebastián también puede leerse junto con otra cobertura del festival, pero las trayectorias de las dos producciones son distintas. En este caso, la noticia central es la llegada de una obra mexicana que convirtió una historia privada sobre VIH y sexualidad en una experiencia cinematográfica compartida.
Un festival no equivale por sí solo a una distribución regional. La audiencia puede saber dónde se presentó la película y cómo fue recibida en sus funciones. Todavía no hay información confirmada sobre salas, fechas de lanzamiento o disponibilidad digital para México u otros países de Latinoamérica.
En una película así, el festival cumple una función concreta. Permite que una memoria familiar encuentre un espacio público antes de que se conozcan los planes de distribución comercial. El Premio Sebastiane Latino refuerza su recorrido en San Sebastián, pero no confirma una fecha de estreno ni garantiza que llegue al streaming. La obra de Santamaría Razo junta dolor familiar, alegría y memoria LGBT+ sin reducirlos a una sola experiencia. También convierte el silencio íntimo en una conversación colectiva sin borrar las heridas de las que nació.